La vecina cotilla

Todos tenemos una vecina cotilla. Todos. Y si dices lo contrario es que la tuya es muy lista y todavía no la has pillado. La mía comenzó con sutilezas, tan sutiles, que al principio pensaba "Ay, qué simpática y amable es mi vecina que se preocupa por mí".

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Luego, se ve que la señora cogió confianza y comenzó a someterme al tercer grado, cada vez que nos cruzabamos en la puerta de casa. "¿Es tu novio el que viene a buscarte con la música del coche tan alta?" "Ya no tienes novio porque ya no vienen a buscarte" "No te veo con el uniforme, ¿has cambiado de trabajo?" "Mueves muy poco el coche, ¿te has quedado parada?" "¿Escribes libros? Seguro que ganas mucho dinero..." Y así un breve ejemplo de la pesadilla. 

Yo nunca he sido de darle carnaza; la oía, le sonreía y salía corriendo a la mínima ocasión. Lo que realmente hizo que me preocupara fue una sábado por la noche que salí a bailar con mis amigas y regresé tarde (o temprano, según se mire) y aún era de noche. Levantó la persiana lo justo para espiarme por las rendijas; yo veía su silueta perfectamente, así que alcé la mano y la saludé. No sé cual sería su reacción, pero en el pequeño trayecto que me llevó hasta mi puerta, me sentí grande creyendo que la había asustado un poco.

Hace unos meses se mudó de casa y desapareció de mi vista, ¿y qué queréis que os diga? En cierta manera la eché de menos los primeros días, me sentía segura sabiendo que si volvía a casa tarde y alguien se cruzaba en mi camino, al menos, tendría una testigo. Se me pasó pronto la nostalgia... lo justo hasta que le apareció sustituta. Sí, resulta que otra vecina ha cogido el testigo y vigila cada uno de mis pasos. Estoy por regalarle mis novelas para que deje de espiarme y llene su vida con cosas más interesantes... porque a este paso voy a tener que salir de casa saludando a lo reina de Inglaterra.



Juliette Sartre.

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