3.Calidad o cantidad


No tenía intención de volver a hablar del estigma del autor novel y de hecho me prometo (os prometo) ignorarlo si vuelve a surgir, porque es de esos temas polémicos que de una u otra manera acaban sacando lo peor de la gente. Y estoy segura que levantaré ampollas, o sarpullidos, o el alzamiento de todos los orcos de Mordor (sí, momento friki). Un debate que entró en bucle infinito hace tiempo y tiene poca pinta de zanjarse.

¿Y por qué otra vez sacando el tema? Porque hay algunos autores que critican que los indies no depuren sus novelas, hagan portadas mediocres y novelas sin calidad que consiguen: 1) crear mala fama a los autores autopublicados o 2) ocupar los puestos de los más vendidos con malas historias.


Y aquí vengo yo a decir:
1) cualquiera puede publicar, algo que no es necesariamente malo; a los que somos un poco lectores indies (ahora está de moda eso de “hípster” algo que muchos llevamos haciendo desde que tenemos uso de razón) tenemos la posibilidad  de conseguir a buen precio (NO A LA PIRATERÍA) joyitas que de otra manera no podríamos conocer.
2) no todos pueden vender y estar en el top. Depende de muchos factores y sobre todo algo fundamental: donde caben 10, no pueden caber 11.
Y… 3) calidad y  ventas no van siempre de la mano. Como ya dije hay libros fantásticos que nadie presta atención y libros muy mejorables que se venden (y que se te queda una cara de… WTF!!). Y no solo de autores indies, también de los que van de la mano de editorial.

La calidad es algo subjetivo. En mi opinión, la saga Crepúsculo me pareció una serie de películas entretenida que podían haberse ahorrado los libros. (*Opinión- valoración subjetiva y libre, sin necesidad de demostración ni prueba). Y miles de seguidores, miles de ventas. El Quijote, obra maestra y es uno de los libros menos leídos (yo mismamente, lo confieso). Los criterios de calidad han llevado, por ejemplo, a que el género de chick-lit haya sido vilipendiado. ¡Siendo uno de los más exitosos en ventas!

¿Vender o que nos lean? Esa es la cuestión. Lo que me lleva a pensar en "piratería" (de nuevo) pero lo dejo para otro día.

Pero... ¿cómo se mide la calidad de una novela? ¿Por el vocabulario no accesible? ¿Las construcciones complejas y arcaicas? ¿Por el número de seguidores? ¿Por lo beneficios? ¿Por los días consecutivos en el top 100 de Amazon? ¿Cómo?

Como lectora, hay varios filtros que debe pasar una novela: portada “mona” (que no parezca la portada de un trabajo escolar); sinopsis atrayente (que me despierte algo y  no solo contenga opiniones de lectores o lo buena que es de boca de su autor);  y por último, el libro en sí: yo valoro según me engancha en los primeros capítulos, me mantiene en el desarrollo y no me deja mal sabor de boca en el desenlace. (TODO SUBJETIVO!! Mis gustos, mis manías).

Mientras que la ley mordaza no se extienda más allá de lo ya perjudicialmente establecido, sois libres de opinar y no seré yo la que se erija como portadora de la verdad absoluta; pero procuremos no tirar piedras en nuestro tejado que al final de cuentas todos queremos lo mismo: ser reconocidos por nuestro trabajo (todos ponemos el máximo de nosotros en cada proyecto; estoy 100% convencida). Y pensemos que ahora el lector tiene el poder de decidir lo que quiere leer y no guiado por la decisión (económica) de una editorial; y el abanico se abre (¿se satura? La respuesta en otro post). 

¡¡OJO!! No digo que no tenga importancia la figura de un buen editor, porque defienda ciertos aspectos positivos de la autopublicación, no significa que ataque al otro lado (me muevo en ambos bandos y tanto uno como otro tiene aspectos positivos como negativos); creo que marca la diferencia y, como autor, te hace la vida más fácil: te aconsejan, tienen experiencia, pulen detalles que tú desconoces o no aprecias... Pero entonces, ¿hablamos de producto o de letras? ¿La calidad como corrección/maquetación o como buena historia?

¿Alguna conclusión? Yo, ninguna buena. Escribamos si nos hace felices y dejemos de hurgar en heridas. Y asumamos que a veces las ventas, no son cuestión de letras. 

Juliette Sartre.

2 comentarios:

  1. Hola Juliette.

    En mi opinión, hay grandes obras de la literatura con una prosa pulida y una estructura perfecta, unos personajes atrayentes y una trama que podría resultar interesante y que, sin embargo, una va tragando a sorbitos pequeños porque no hay otra forma de leerlas.

    Por el contrario, existen novelas de consumo rápido en las que no todo está tan depurado y que, sin embargo, entretienen.

    Luego también están aquellas que aúnan ambos tipos.

    Personalmente, y desde el punto de vista de lectora, he llegado a una edad en la que lo que más busco es entretenimiento. Las lecturas sesudas ya las tuve en mi juventud (cuando había fuerza y tiempo para todo), pero ello no quita que no exija cierta calidad a esas otras lecturas que he llamado de "entretenimiento": una ortografía cuidada, una sintaxis que no sea un galimatías, personajes verosímiles y una trama interesante.

    Ahora, y hablando desde mi punto de vista de escritora, creo que la función de un corrector es indispensable (tanto para los autores consagrados como para los noveles que se inician en la autopublicación). Un corrector verá cosas que a ti, como creador de la historia, te pasarán siempre inadvertidas.

    Ahora mismo, mis primeras historias detectivescas de Carter & West, que espero ver publicadas a principios de 2015, están en manos de un corrector con el que no sólo las estoy mejorando, sino que estoy aprendiendo muchísimo y, además, disfrutando del trabajo. Mi opinión, por tanto, a favor de la tarea del corrector es totalmente favorable.

    No me enrollo más :-)

    Un saludo y buen artículo. Me ha gustado mucho.

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    1. Gracias Ana por pasarte a comentar. Estoy totalmente de acuerdo contigo. La labor de un buen corrector marca la diferencia. Y como digo en el post, tanto la autopublicación en solitario como bajo el apoyo de una editorial, tiene cosas positivas y negativas. Ser autor indie no debe significar que nos acomodemos o descuidemos el resultado; como tampoco debe ser la excusa para atacar al autor por el simple hecho de optar por este opción (ya sea voluntaria o involuntariamente).

      Un saludo. Y, de nuevo, gracias.

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