1. Adicta a las letras

Ya estamos en el ecuador de la semana. Y yo sigo dándole vueltas a nuevos proyectos. Definitivamente esto de escribir se ha convertido en una droga para mí: una novella casi terminada (Contrato sin preaviso) y tres comenzadas; ¿estaré al borde de la locura? Porque esto comienza a ser enfermizo. 

Duermo soñando con mis personajes y con nuevas historias. Me levanto esperando que llegue el momento de disfrutar de tiempo libre para aporrear el teclado y dejar fluir toda la historia. Acabo cogiendo cariño a algunos personajes y odiando a otros, hasta el punto de deshacerme de ellos. No me gustan los finales felices porque creo que están sobrevalorados y la vida real no es color de rosa; aunque procuro que cada personaje se lleve su recompensa (no soy tan despiadada y cruel). En cada nueva novella me gusta hacer referencia a algún detalle de las otras; por ejemplo, en "Contrato sin preaviso" aparece Marcela, la madame de "Deshojando margaritas" y hay otro detalle que muestra que temporalmente sucedió antes que mi novella erótica. Me han contagiado la manía de llamar "novella" a mis novelas porque son cortas y porque... sinceramente, no tengo explicación razonada, incluyámoslo en mi larga lista de manías.

Evito ciertos compromisos que en otras circunstancias hubiera aceptado porque el poco tiempo libre que me queda lo quiero dedicar a mi hobbie (sí, hobbie; no gano lo suficiente para considerarlo un trabajo). La gente no me entiende, me siento incomprendida... porque solo ven esto como una distracción e incluso un sin sentido porque no me reporta beneficios. No entienden lo feliz que soy cada vez que lo hago, cada vez que doy inicio a una nueva aventura; y lo triste que me siento cuando tengo que poner el punto y final. 

¿Adicción? ¿Locura? No creo que algo que me hace tanto bien pueda ser malo.

 

 

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